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lunes, 24 de agosto de 2015

Las lecciones que nos da Japón

Por Oscar Alvarez de la Cuadra

Hace un mes aproximadamente regresé de un viaje de 15 días al Japón, a instancias de mi hermano menor, quien desde hace muchos anhelaba ardientemente vivir la experiencia que yo había tenido hace 23 años, como ex becario de la Japan Internacional Cooperation Agency. Regresé ya no como estudiante, sino como un desenfadado turista. El reforzamiento de lo que viví dentro de mi programa de Control de la Calidad e Ingeniería industrial de aquel entonces, saltaron a  la vista. Desde que puse el pie en el aeropuerto de Narita, totalmente renovado y con procesos de ingreso migratorio y aduanal eficientados - de hecho quedamos sorprendidos de la amabilidad de los oficiales y el tiempo que tomó desde que salimos del avión hasta estar fuera de la terminal- inclusive los cambios propiamente en el trayecto hacia Tokio y de la propia ciudad.

Después de una estancia absolutamente maravillosa, podría destacar como primer aspecto, indudablemente la consideración y respeto por los demás. Los japoneses son una cultura con un alto nivel de civismo, inculcado desde en las aulas a muy temprana edad a sus educandos, donde la educación enraiza firmemente sus valores cívicos.  Los frutos de esos hábitos adquiridos desde niños, los transforma en ciudadanos que además de los valores de la honestidad, integridad, lealtad  y trabajo en equipo, aprecian la consideración por los  otros. Un ejemplo es  la atenta pero firme advertencia de poner  los teléfonos celulares en modo silencioso al viajar en el famoso tren bala o Shinkansen o en cualquier situación que implique invadir la tranquilidad de otros.  En los 15 días de estancia nunca escuchamos un solo claxon de algún vehículo. El tono de voz de muchas personas es suave y cortés al hablar y es raro escuchar, a menos que sean turistas extranjeros, a alguien que hable en voz alta en sitios concurridos como restaurantes por ejemplo.

En las escaleras eléctricas tanto de estaciones del metro, como de tiendas departamentales, rigurosamente la gente que no avanza se posiciona en la izquierda, en una fila perfecta, para dar  paso a quienes desean avanzar más rápido por la derecha. Observamos también en algunos restaurantes, donde se colocan cestos al lado de las mesas, para que el comensal deje sus bultos en ellos, en vez de bloquear pasillos, a los cuales el mesero llega y cubre con un lienzo.  Y qué decir de las lluvias. A la entrada de edificios o tiendas departamentales, se cuenta con dispensadores de bolsas plásticas para cubrir los paraguas y evitar que mojen los pisos. Las bolsas después se dejan en un cesto para seguramente después ser recicladas.

Un segundo aspecto: la mística de servicio está embebida culturalmente en la sociedad japonesa. El sintoísmo, domina a la mayoría de los japoneses y a diferencia de las religiones occidentales, se ofrece en vez de pedir a Dios.

Japón es el único país que yo conozco en  donde no se acostumbra dejar propina. Se refuerza el servicio por el puro gusto de servir y no la búsqueda por interés o necesidad de una gratificación adicional. Baste el siguiente ejemplo. Visitamos un hermoso y poco conocido templo budista, ubicado en la prefectura de Hyogo,  a unos 150 km de la ciudad de Kyoto. En el lugar, el personal del templo se aprestaba a procurarnos a mi hermano a mí, a tener listas las sombrillas para protegernos del sol, de contar con estaciones donde en nuestro recorrido nos deteníamos y nos ofrecían agua, té verde o bebidas isotónicas para elegir e hidratarnos. Nuestro chofer se ofreció a filmar el encuentro para que pudiéramos aparecer ambos en el video de recuerdo. Todo ello culminó con la experiencia inolvidable  perpetuada en un DVD donde el fotógrafo del sitio nos había incluido los archivos digitales con las fotografías conmemorativas.

A la llegada a Kyoto, preocupado por que el DVD pudiera romperse o dañarse, tuve la idea de preguntar en recepción si había alguna tienda donde poder comprar un flash drive o DVD para contar con un respaldo. El recepcionista me pidió el DVD y me dijo que en un momento lo investigaba. A los 15 minutos, subió al cuarto y el mismo empleado me ofreció un flash drive con la información respaldada y de lo cual el hotel no hizo cargo alguno. ¿Sorprender al cliente? Indudablemente.  

Los detractores o escépticos quizá pudieran justificar que la acción anterior  era de esperarse en un hotel que ostenta el premio Malcolm Baldrige, que es la máxima presea de calidad que otorga el Gobierno de Estados Unidos. Pero quisiera cerrar esta contribución, con otra experiencia, muy emblemática que refleja el espíritu del pueblo japonés. El día de nuestra llegada a Kyoto, pedimos comer en un restaurante tradicional que ofreciera  sukiyaki, un platillo muy popular. El hotel nos había advertido que el local estaba en una calle peatonal y que el taxista sólo nos podía dejar al comienzo de la misma. Cuando al fin descendimos del taxi y  frente a la calle peatonal,  estaba abrumado, aun y con mi elemental conocimiento del kana y algunos kanji, los caracteres usados para escribir el japonés. En mi muy básico conocimiento del idioma. detuve a un transeúnte al azar y le pedi si nos podía orientar sobre el restaurante. Contábamos con una hoja de reservación  con los datos del sitio en japonés. El hombre revisó la hoja,    sacó su celular y para nuestro asombro habló al restaurante. De inmediato notamos que el lugar estaba muy cerca, colgó la llamada y nos llevó directo a la puerta del lugar. Atónitos  y en  agradecimiento que le prodigaba en mi japonés, el hombre se limitó a  sonreír y hacerme una reverencia u ojigi, para después alejarse entre la muchedumbre.

En el budismo uno de los principios básicos de su creencia es el servir a otros, término que no por coincidencia describa el significado de la palabra samurai . Su  mismo código de honor, el Bushido, engloba  los valores de integridad, coraje, benevolencia, amabilidad, sinceridad, honor, lealtad  y autocontrol, lineamientos culturales que han trascendido y sobrevivido a la prueba del tiempo y se han amalgamado en el mismo DNA de los japoneses, una cultura que no importa cuántas veces reviva ya sea en su país, sus productos, su comida, su gente o en sus empresas, sigue asombrando y enseñando al mundo.




miércoles, 21 de mayo de 2014

Artes marciales y zen en materia de calidad (Shu-ha-ri)

Por José Oscar Alvarez de la Cuadra López
守破離
Hace exactamente 20 años, con algunos conceptos aún frescos en mi memoria ya que tenía exactamente 2 años de haber estado inmerso en el inmejorable programa de intercambio organizado por la JICA (Japan International Cooperation Agency) de Ingeniería Industrial y Control Total de la Calidad, me embarqué en la aventura de asistir a una conferencia magistral sobre el mismo tema, organizada por la JETRO (Japan External Trade Organization) y la Universidad Anáhuac de Jalapa. Entre los temas que se abordaron, recuerdo mucho el énfasis que se hizo en un viejo concepto muy usado en las artes marciales, pero bajo el ambiente de la implementación y despliegue del Control Total de la Calidad, que es como en Japón se le conoce al Total Quality Management en Estados Unidos o la Calidad Total en México y América Latina.

El concepto de Shuhari es muy común en Japón, cuando se refiere al momento en que se practica una disciplina y se aspira a dominarla. Para entenderlo cabalmente es muy importante explicar en sus tres etapas, ya que esta compuesto por tres caracteres chinos (llamados kanji en Japonés). Estas a su vez  pueden  extrapolarse, además del ámbito de la calidad, a la Manufactura Esbelta, Círculos de Calidad, Gestión de Procesos de Negocio o ISO 9001, entre otras.

守 Shu – Aprender de la tradición

En esta etapa inicial el alumno sigue las enseñanzas de un maestro precisamente. Se concentra en cómo hacer la tarea, sin preocuparse demasiado por la teoría subyacente. Si hay múltiples variaciones sobre la forma de hacer la tarea, se concentra en sólo una forma, la que su maestro le enseña. De esta forma se logra una base técnica duradera sobre la cual descansa un entendimiento más profundo en la disciplina aprendida.

En la organización es la etapa es conocer los nuevos conceptos y asegurar su aplicación inmediata, como puede ser a través de cursos prácticos o consultoría focalizada, aunque vale la pena resaltar que no es válido en los casos en que se pretende que el consultor lleve a cabo todas las etapas y que en éste recaiga toda su responsabilidad. De igual forma, no son útiles aquellos cursos a los que se envía a un solo representante de la organización, sino que este entrenamiento tiene que hacer eco en toda la organización, para lograr un efecto más duradero y asimilación más eficaz.

破 Ha – romper las cadenas de lo cotidiano
Ha significa romper de los moldes tradicionales o las formas anteriores de operar, en el caso de una organización. En nuestro ejemplo básico, el estudiante rompe sus cadenas de la tradición de su propia escuela y reflexionar en el significado y propósito de lo aprendido y de esta forma, lograr un entendimiento más profundo de la disciplina más allá de lo que pudiera permitir la repetición pura.
En esta etapa toda la técnica se ha asimilado y el que da (en la parte de la enseñanza - un efecto externo) y el que recibe (por parte del estudiante - esfuerzo interno) contribuyen simultáneamente hacia el nacimiento del individualismo. Es exactamente igual que el momento en que el pájaro, dentro del huevo empieza a romper la cáscara desde el interior, como el pájaro padre ayuda a romper desde el exterior. Una vez más, no hay tiempo o periodo de cuánto tiempo toma esta etapa. Sin embargo, este es un period importante de transición.

En una organización que adopta alguna de las herramientas referidas se refiere a una etapa exitosa de implementación (en ISO 9001 puede ser el momento que se corona la implementación al llegar  a una certificación), en 6 Sigma o Manufactura Esbelta  puede ser un proyecto de mejora concluído con una evaluación objetiva de los ahorros obtenidos, etc.

離 Ri – ir más allá del conocimiento  (el alumno supera al maestro)

Literalmente Ri se refiere a romper, liberarse, soltarse. La organización entonces se libera del apoyo externo e inicia la aplicación por su propia cuenta de la herramienta aprendida. No hay más técnica que aprender, nada de terceros, sino de su propia práctica. Crea sus propios enfoques y adapta lo que ha aprendido a sus propias circunstancias particulares. Se han adquirido todas las habilidades requeridas, conocimiento y experiencia, entonces ya la dependencia a un apoyo externo se vuelve innecesario.

Esta etapa puede tener su analogía en la mejora continua, la innovación y el aprendizaje organizacionales. Cuando se habla de control de la calidad total japonés, involucra la interacción continua del control diario y el control a través de la política y la rotación del ciclo PHVA (planificar-hacer-verificar y actuar).

Como conclusión a lo antes expuesto, podría citar a Albert Einstein en un mensaje que dio a los estudiantes de la Universidad de Nueva York en el año de 1931, relacionado con la forma en que las escuelas se perciben como fábricas de aprendizaje y sobre la analogía que pudiera hacerse con respecto a lo que vemos muchas veces en las organizaciones: la adopción de herramientas  de gestión sin tener un convencimiento de su utilidad o resultados, ya sea por ser el sabor del mes, una moda o por responder reactivamente a alguna amenaza percibida del exterior sin ninguna estrategia que lo soporte:

 "Para mí, lo peor parece ser una escuela que trabaja principalmente con los métodos de miedo, la fuerza y la autoridad artificial. Dicho tratamiento destruye  sentimientos fuertes, la sinceridad y confianza en sí mismos de los alumnos y produce un sujeto servil. Es el arte supremo del maestro despertar la alegría en la expresión creativa y el conocimiento. Uno debe protegerse contra predicar el éxito a los jóvenes en la forma habitual como la última meta en la vida. El motivo más importante para estudiar en  la escuela,  la universidad y en la vida es el placer de trabajar y por lo tanto la obtención de resultados que servirán a la comunidad. La tarea más importante para nuestros educadores es despertar y alentar  estas fuerzas psicológicas en un hombre o mujer. Dicha base el único que puede dar lugar a la alegría de poseer uno de los bienes más preciados en el mundo: el  conocimiento o habilidad artística ".

Esa declaración bien podría describir a Shu-ha-ri, bajo la premisa del profundo respeto que en el Lejano oriente se dispensa al sensei en Japón, al lâoshī  o shīfu chino, el gusto por aprender y el buscar un uso o bien común a dicho aprendizaje. Gran diferencia a lo visto en nuestra cultura Occidental.